viernes, 7 de junio de 2019

“Brightburn”: Impulsando el género del supervillano



Por: André Horruitiner

No es usual ver películas de superhéroes donde el personaje central resulta ser en realidad el que consideraríamos el “antagonista” de la historia, es decir, el villano. Algunas excepciones serían Mi Villano Favorito o Mega Mente, donde los malos terminan volviéndose “buenos” a su estilo.

Pero aquí tenemos una propuesta muy original que viene de la mano de James Gunn, director de las dos entregas de Guardianes de la Galaxia y de la próxima Suicide Squad ante su repentina y corta separación de Marvel. 

Esta vez, Gunn toma el volante de la producción, mientras Brian Gunn y Mark Gunn -su hermano y su primo respectivamente- se hacen cargo del guion. La dirección corre al mando de David Yarovesky, quien actuara con James Gunn como Devastador Gótico en Guardianes de la Galaxia.



Con una historia de origen muy similar a cierto superhéroe emblemático de capa roja y vestimenta azul, Brightburn nos presenta a los Breyer, una pareja de granjeros que encuentra a un bebé caído de otro mundo y decide adoptarlo como si fuera suyo. 

Con el tiempo, el niño empieza a desarrollar poderes… pero no los usa precisamente para el bien. Es en este punto que sus padres tratan de hacerle entrar en razón o -en el peor de los casos-, detenerlo antes de que ponga en peligro a la humanidad.

La premisa es, básicamente, “¿qué pasaría si Superman hubiese sido malo desde el inicio?”. Es cierto que esta temática ya ha sido abordada unas cuantas veces en videojuegos -como la saga Injustice-, cómics como Irremediable, y unas cuantas películas de DC Comics. 

Sin embargo, la novedad es que esta vez quien encarna a la versión malvada de Superman es un niño, protagonista de un filme de acción real del género de terror.  



Ahora viene la pregunta del millón: ¿Logra este inusual experimento cumplir con las expectativas? Las actuaciones, para ser francos, no son muy buenas, con algunas excepciones. Una de estas últimas es la del protagonista y villano de la historia: Brandon Breyer (interpretado por Jackson A. Dunn) un niño que comienza siendo dulce, inocente y emocionalmente cercano a su familia… para luego dar un giro radical al sentirse demasiado poderoso y, en consecuencia, despiadado. 

Otro caso notable es el de Caitlyn (Emmie Hunter), compañera de clase de Brandon a la cual visualizamos también como potencial pareja de él… hasta que se convierte en una de sus primeras víctimas.



Los jóvenes, entonces, no carecen de expresividad; los que flaquean, son los adultos. A estos se les percibe sobreactuados o flojos en sus pequeños diálogos. Así sucede con los padres de Brandon discutiendo sobre los cambios del muchacho y lo que deberían hacer con él, o con las sospechas del sheriff del pueblo acerca del pequeño supervillano. 

No hay mucha emoción en estos personajes; solamente hablan para que la historia avance; por ello, no sentimos ni un ápice de pena cuando empiezan a convertirse en víctimas.

En cuanto a efectos especiales, hay que destacar la creatividad empleada por el director Yarovesky y su equipo, ya que se puede observar claramente que el presupuesto no fue tan alto como en las típicas películas de superhéroes que conocemos. 

Se utiliza escenas muy rápidas e incluso ciertas tomas donde no se muestra al villano, pero te insinúan su presencia y ayudan a enfatizar el miedo a lo desconocido. La velocidad ya mencionada, además, se vincula con el poder descomunal de Brandon, a quien percibimos levantando vehículos con gran facilidad, rompiendo extremidades de quienes se crucen en su camino, o despedazando cuerpos cruelmente.



La música es poco usada. Sólo se encuentra presente en escenas de alta tensión o momentos dramáticos, especialmente los que tiene Brandon con sus padres. Yarovesky quiere, más bien que el espectador se sienta testigo directo de lo que está pasando, de modo que prioriza sonidos ambientales como los de los alrededores del bosque, la granja, la escuela o el restaurante. 

Se podría decir que la canción más destacada de todo el largometraje es Bad Guy de Billie Eilish que cierra la historia para darnos a entender el destino final de Brightburn.

Los planos que se emplean son, sobre todo, generales; no sólo para describir escenarios, sino también para mostrar la magnitud de los poderes de Brandon; estos son combinados especialmente con ángulos contrapicados, destinados a imponer la frialdad y superioridad del villano.



La luz también cuenta con una evolución interesante: comenzando con tonos más cálidos para reflejar paz y armonía, y volviéndose cada vez más fríos y tenebrosos, para mostrarnos la caída del protagonista hacia la oscuridad. El color rojo resulta ser uno de los tonos primordiales en el largometraje: refleja ira, peligro, violencia y pasión.

Otro punto a destacar dentro de la puesta en escena, es el empleo inteligente del terror. Brightburn no recurre al típico y aburrido jumpascare (el sorpresivo “¡bú!”) del que ha abusado tanto el género; tampoco recurre al gore para intimidar al espectador. Gunn y Yarovesky, por el contrario, recurren al terror psicológico; logran provocar el miedo con su sola e imponente presencia.



Para concluir, Brightburn es una propuesta original que combina el terror con la moda actual de los superhéroes. Sin embargo, se pudo hacer un mejor trabajo en la narrativa -llena de agujeros- y mucho más en la dirección de actores. 

A pesar de darnos un final interesante que abre paso a una secuela, es poco probable que volvamos a ver a este pequeño y temible villano, dado que, ni ha recibido tan buena recepción por parte del público, ni por parte de la crítica especializada.



Ficha técnica


Dirección: David Yarovesky
Producción: James Gunn, Kenneth Huang, Mark Gunn, Brian Gunn, Dan Clifton, Simon Hatt, Nic Crawley
Guion: Brian Gunn, Mark Gunn
Fotografía: Michael Dallatorre
Montaje: Andrew S. Eisen
Reparto: Elizabeth Banks, David Denman, Jackson A. Dunn, Matt Jones, Meredith Hagner
País: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Año: 2019
Género: Terror, superhéroes

jueves, 6 de junio de 2019

“¡Oh Capitán, mi capitán!” El memorable maestro Keating



Por: Alexiel Vidam

Hay maestros que te enseñan el 2+2 y otros que te enseñan cómo vivir… o mejor dicho, a empezar a vivir con todo el significado que una palabra tan fuerte representa. A estos últimos, pertenece John Keating, entrañable personaje de La Sociedad de los Poetas Muertos (1989). Si eres millenial, podrías identificarlo como el Merlí de los 90s… sólo que con la dulzura de Robin Williams.

John Keating, apodado “¡Oh Capitán, mi capitán!” -como el poema Whitman-, es un peculiar y apasionado maestro de literatura que acaba de ser contratado en la preparatoria Welton, un internado de chicos cuyo código de educación es bastante tradicional y riguroso. 

Keating, sin embargo, contrasta con la personalidad del resto de profesores, quienes focalizan su atención en mantener a los alumnos controlados y guiar sus decisiones de un modo acorde con los deseos de sus padres. Él, por el contrario, utiliza divertidos y poco ortodoxos métodos de enseñanza para invitar a sus alumnos a reflexionar y construir sus propias ideas.



“Me he subido a mi mesa para recordar que hay que mirar las cosas de un modo diferente. El mundo se ve distinto desde aquí arriba.” 


Lo hace, además, tomando como principal herramienta uno de los pilares más incomprendidos de la literatura: la poesía… ese género literario que, por su intensidad y su complejidad metafórica es considerado, muchas veces, “el patito feo de la literatura”.

Y así lo hacen Neil, Tod, Knox, Charly y el resto de sus compañeros de clase, hasta que este intrépido profesor echa a la basura los dictados académicos que la encasillan, y les enseña -mas bien- a sentirla. Keating, en un memorable monólogo, resume el sentido real de la poesía:


“No leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana. Y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, los negocios y la ingeniería son carreras nobles y necesarias para la vida. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor… son las cosas que nos mantienen vivos.”



Keating perteneció, durante sus años de preparatoria -también en la Academia Welton- a la Sociedad de los Poetas Muertos, un grupo de muchachos que se reunían en una cueva para expresarse mediante poemas. Él está seguro de que las ideas -al margen de lo que diga el resto- pueden cambiar el mundo, y eso es lo que transmite a sus alumnos, de modo que ellos, se dejan inspirar y forman una segunda Sociedad de los Poetas Muertos, en la misma cueva del antiguo club de su profesor.


Personajes como Keating enamoran por su rebeldía y su espíritu transgresor, que contrastan de manera armónica con un carácter amable y una mente sumamente creativa. Keating es el profesor divertido, el que da clases al aire libre, el que te enseña a leer poemas pateando balones de fútbol, pero, sobre todo, el que te ayuda a romper con tus propios miedos y esquemas mentales… el que te lleva a reflexionar y te reta a perseguir tus sueños.