miércoles, 30 de septiembre de 2015

“Lusers”: Una verdadera oda a la amistad



Por: Sergio Lescano

Lusers es la más reciente producción de Tondero, en alianza con la productora chilena Bamboosa. Protagonizada por Carlos Alcántara (Perú), Pablo Granados (Argentina) y Felipe Izquierdo (Chile); dirigida por el chileno Ticoy Rodríguez (quien hace su debut como director) y con guión de Fernando Castets (más recordado por el guión de la galardonada El hijo de la novia).

Lusers, contraria a su nombre, es una “winner” en muchas maneras. A pesar de no explorar nuevo territorio en lo absoluto, triunfa haciendo suyas fórmulas ya exitosas como son el sub-género del road movie y la comedia episódica, de la mano de actores cuya trayectoria combinada en la comedia es tan vasta, que tenerlos a los tres en la misma película es el sueño de todo director de comedias. Es precisamente esta la fórmula ganadora que encuentra Ticoy: darle rienda suelta a los innegables talentos y desbordante carisma de sus tres protagonistas, al mismo tiempo que los ciñe a formatos y géneros fílmicos que ya han sido probados y establecidos como exitosos.


Todo se inicia con una persecución en medio de la selva peruana. Un ornamento valiosísimo ha sido robado, desencadenando una búsqueda exhaustiva del mismo por parte de las autoridades y del museo que lo albergaba. Ellos ofrecen una recompensa de trescientos mil dólares –nada menos- a aquel que lo devuelva. Este evento totalmente aleatorio termina por enlazar los destinos de Edgar (Alcántara), Rolo (Granados) y Aníbal (Izquierdo), quienes a su vez atraviesan momentos difíciles en sus vidas y se sienten, de una forma u otra, perdidos. La luz al final del túnel aparece; los tres extraños encuentran el ornamento y deciden ir a por la recompensa, pero antes, deberán atravesar divertidos obstáculos que van desde superar pruebas impuestas por tribus nativas, hasta eludir a un grupo de enervados brasileros.


Es a partir de la unión en escena de los tres protagonistas, y de la sucesión de eventos cómicos que atraviesan juntos, que Lusers empieza realmente a brillar, dejando que sus personajes lleven el peso de la película. A lo largo de la siguiente hora, cumple su cometido de hacer reír a rajatabla. Carlos Alcántara reafirma su estatus como uno de los actores más carismáticos de la actualidad. Su picardía, gestualidad, y excelente timing cómico, son notables. Menos no puede decirse de Felipe Izquierdo y Pablo Granados, quienes también hacen suyos los personajes y les brindan notas cómicas a todos sus diálogos. A pesar de haber tanto talento en escena, no hay ningún tipo de ego. Ninguno de los tres actores busca ser más gracioso que el otro, sino que se alimentan el uno del otro. Algunos de los momentos más hilarantes y memorables, de hecho, son los diálogos que resaltan las diferencias culturales entre los tres protagonistas. Alcántara, Granados e Izquierdo, combinan y elevan su comicidad, como si estuviesen en un torneo amistoso de humor, donde el único ganador es el espectador. Haciendo eco de esto, debo destacar que Lusers es, en muy pocos aspectos, original. Muchos de sus gags han sido ya hechos hasta el cansancio en diversas películas anglosajonas. Sin embargo, estos gags funcionan, justamente, por la entrega y la química de los tres actores, y por el guión que logra realzar, al mismo tiempo que satirizar, las diferencias culturales entre Perú, Chile y Argentina.


Dentro de los aspectos técnicos, la película cuenta con algunos encuadres inspirados que realzan los momentos de aislamiento y soledad de los protagonistas al principio del film. Luego no hay mayor profundidad, pero tampoco es necesaria. Diría incluso que los momentos profundos son, en realidad, los menos logrados del guión. La reflexión acerca de la soltería y si ésta es la mejor forma de vida, encuentra a los actores recitando clichés. Dichos momentos son tan escasos en número que, afortunadamente, no afectan el ritmo de la historia; ésta persiste en su fluidez. El acompañamiento musical es clave y recurso bien utilizado para hilar o aumentar el humor en algunas situaciones. Por su parte, la fotografía no solo resalta sino que le imprime vida y color, tanto a las locaciones, como a las situaciones ante las que ve se ven expuestos los personajes.


En cuanto al mensaje, el filme cuenta con doble intención: por un lado nos hace creer en la amistad que nace y se desarrolla en escena entre los tres protagonistas; por otro, nos hace mirar dentro de nuestro propio círculo, y analizar si realmente estamos lo suficientemente agradecidos de tener amigos de verdad, así sean “contados con los dedos de la mano”, como dice la canción central del film, cantada por el propio Granados. En última instancia, Lusers es una verdadera oda a la amistad, y trabaja tan bien este tema central, que al término de la película uno no más tiene ganas que de una cosa: llamar a sus patas y encontrarse en el bar de siempre; sólo porque sí. 




Ficha técnica:

Dirección: Ticoy Rodríguez
Producción: Paola Barrera, Carlos Espinoza, Alejandro Carboni, Miguel Valladares, Carlos Alcántara
Guión: Fernando Castets
Dirección de arte: Clara Notari
Fotografía: Mauro Veloso
Música: Ángelo Pieratini
Reparto: Carlos Alcántara, Pablo Granados, Felipe Izquierdo
Empresas productoras: Bamboo SA, Tondero, Labhouse
Países: Perú, Chile
Idioma: Español

martes, 29 de septiembre de 2015

“Averno”: Más que un corto de zombis



Por: Alexiel Vidam

Acabo de ver un cortometraje peruano que me ha llamado bastante la atención. Se trata de Averno, de Christian Bayron, película de zombis que se está presentando actualmente en el festival Cortos de Vista de Chiclayo.

La verdad es que cuando se me presenta una película de género “Made in Peru” –más aun tratándose de un género tal exigente a nivel visual como es el horror-, mi primera impresión, es de desconfianza. Pienso que, en la mayoría de casos, los recursos que ofrece nuestro país para ese tipo de historias, es escaso, y que muchas veces una deficiente producción puede restarle verosimilitud a una buena historia. La verosimilitud es fundamental para que uno, como espectador, se “trague el rollo”.


Averno me dejó positivamente sorprendida. Para empezar, porque no se trata de una típica película del tipo, con una horda de muertos vivientes acosando a un grupo de aventureros. Es una historia bastante más íntima, sobre una pareja desesperada, amenazada por una extraña enfermedad. Los zombis, como manada amenazante, de hecho, no aparecen, pero se siente su presencia en el ambiente. Lo que vemos ante nosotros, es a un joven angustiado por poner a su novia a salvo. Abigaíl ha sido atacada por una extraña pandemia que descompone los cuerpos, convirtiéndolos en cadáveres animados y hambrientos de carne humana. Percibimos la angustia de ambos a través del proceso de transformación de ella. Percibimos la culpabilidad de Abigaíl y su deseo de acabar consigo misma. Buen trabajo de expresión el de los actores. 




El trabajo audiovisual, tiene sus pros y sus contras. Por una parte, me gusta mucho la forma en que se ha trabajado el color: tonos desaturados, grises, marrones opacos… el reflejo de una realidad deprimida, asustada, decadente. Hay una excelente combinación con el sonido, además. El chirrido, el barullo, el sonido de interferencia del televisor; todo eso manejado como sonido en off mientras vemos a los protagonistas en medio del drama. Esto provoca tensión, ansiedad; nos transmite la confusión de los personajes. El juego de desenfoques, distorsionando el fondo o el rostro de alguien, termina por construir una atmósfera nebulosa, de pesadilla.





Del lado contrario, creo que el maquillaje tiene que mejorar, o en todo caso el uso de la luz sobre el mismo (la iluminación puede enfatizar o atenuar la artificialidad). Hay partes en que se siente verosímil, pero otras donde la falsedad es evidente; nos desconecta de la historia y se pierde el dramatismo. En algunos planos cercanos se percibe que la descomposición del rostro de Abigaíl es irreal. Cuando acaba de convertirse en zombi tampoco convence del todo. Sin embargo, esto se ve sopesado por la forma en que se alternan las imágenes de ella vuelta cadáver y ella cuando es humana, en una escena con su novio. El choque es fuerte; impacta, toca. Precisa también la toma del vómito. Brutal, grotesca, mórbida. Similar a una escena de La Mosca, de Cronenberg, como quien revela alguna posible referencia del autor del corto.




Sin duda, Averno es un corto que eleva la expectativa de un mayor desarrollo de género en nuestro país. Los invito a echarle una mirada.



Dirección: Christian Bayron
Producción ejecutiva: Jorge Vilcapoma “Gokú”              
Sonido Directo: Daniel Villodas
Fotografía: Christian Bayron
Cámara: Alessandro Blacker, Christian Moscoso, Daniel Villodas
Reparto: Roberto Cuba, Pamela Paredes, Daniel Menéndez
Maquillaje y efectos especiales: La Morgue FX
Montaje: Make a Dream FX
País: Perú
Año: 2015
Género: Drama, horror, ciencia ficción

lunes, 28 de septiembre de 2015

5 científicos dementes


Por: Alexiel Vidam

Bastante he hablado anteriormente sobre locos del cine… pero hoy he querido darle un espacio a un tipo particular de loco: el científico. Estos personajes ya son patrimonio un género en particular: el horror, mas no se limitan a él. Los tenemos presentes también en las películas de drama, suspenso, ciencia ficción… y hasta en disparatados musicales. Vamos con una lista de cinco científicos locos que deberías conocer.


Victor Frankenstein (Frankenstein de Mary Shelley – 1994)



El Dr. Victor Frankenstein es el científico loco de la ficción por excelencia. Concebido en 1818 por la mente de Mary Shelley, este personaje dio a luz al género de ciencia ficción. En el cine ha tenido múltiples encarnaciones, pero la que me ha parecido más interesante es la que encarna Kenneth Branagh en su propia película: Frankenstein de Mary Shelley. Este Frankenstein, es un antihéroe trágico, un romántico que busca salvar a la humanidad. Un sujeto noble y carismático, cuyo rechazo obsesivo al dolor y a la soledad, le acaban arrastrando hacia una total tragedia. Después de perder a su madre, Victor se obsesionó con vencer a la muerte… y lo logró. Sin embargo, el ser regresado de ultratumba no llenó sus expectativas. Horrorizado, el creador abandona a su creación, que acumula sentimientos de ira y odio. Las consecuencias serán brutales.


Rotwang (Metrópolis – 1927)



Ni más ni menos, que el inventor del primer robot de la historia de cine… o mejor dicho LA primera robot. María fue creada por Rotwang para vengarse de Joh Fredersehen, creador de la gran Metrópolis, quien le robó a la mujer que amaba. En su afán por arruinar a su rival, Rotwang le da a la robot la apariencia de la “santa” de los obreros, secuestrando a esta última y enviando a la androide a dar mensajes subversivos. Su objetivo es crear el caos y la destrucción de las dos clases sociales (los de “arriba” y los de “abajo”). Rotwang es el claro ejemplo de amor a nivel patológico… Él ha acumulado sentimientos de venganza por años, y no le importa quién tenga que morir con tal de lograr su revancha.


Robert Ledgard (La piel que habito – 2011)



Otro loco vengativo. Aunque al inicio de La piel que habito (de Pedro Almodóvar), nos identificamos con el dolor de Ledgard, luego sus radicales métodos acaban por identificarle como el “malo de la película”. Cuenta la leyenda que Robert era un cirujano que perdió a su mujer cuando ésta saltó por la ventana, luego de ver su rostro quemado por un accidente. Este acontecimiento fue observado por la hija de ambos, quien –ya trastornada- sería víctima de violación. Quedando solo en el mundo, Robert se encargaría de hacer que el violador pague (*ATENCIÓN A SPOILER*)… pero de una manera bastante particular: cambiándole de sexo, de rostro, de cuerpo… hasta transformarle en uno de los fantasmas de su propio pasado.


Seth Brundle (La Mosca– 1986)



Egocéntrico, narcisista, algo tímido al comienzo. Seth Brundle es un genio y lo sabe. Sabe que ha creado un objeto que revolucionará a la humanidad. Con su inteligencia, atrae a una guapa periodista, a quien arrastrará hacia el peligro con su locura. Seth quiere lograr la teletransportación de un ser vivo. Ya lo ha conseguido con objetos inanimados, pero con seres vivos algo sale siempre mal. Luego percibe que lo ha logrado y decide teletransportarse a sí mismo… pero no nota que una mosca se ha colado en la cápsula junto a él. Entonces Brundle se convierte, poco a poco, en “Brundle-mosca”, un ser que adquiere tanto el físico, como la actitud despreciable del insecto…


Frank-N-Furter (TheRocky Horror Picture Show – 1975)



La fusión del conde Drácula y el Dr. Frankenstein pero en versión travestida y extraterrestre. Por si fuera poco, tiene nombre de salchicha alemana. Este personaje sólo puede haber sido concebido en medio de ácidos. Y es que el Dr. Frank-N-Furter ha llegado a la Tierra desde el planeta Transexual en la galaxia Transilvania, con el aparente fin de pervertir a cuanta forma de vida se cruce en su camino, sea mujer, hombre o cocodrilo. Su máximo experimento consiste en un “hombre perfecto” (según él): rubio,  con cuerpo de físico culturista, ojos azules… y medio cerebro… obtenido de un delincuente. De buenas a primeras, puede que el doctor te conquiste con su disparatada forma de ser… pero luego vas descubriendo que, en su afán de obtener diversión, no tiene ningún límite: podría aniquilarte… o hacerte bailar en un cabaret y luego plantarte un beso.


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sábado, 26 de septiembre de 2015

Tan real, que incomoda

“Ella y Él”: un drama descarnado y extremadamente realista


Por: Alexiel Vidam

Salí de ver Ella y Él y me quedé pens­­ando: en la sensación perturbadora de las imágenes, en los huecos sin sonido y en un final que no parece final… o no, digamos “un final de película”.

Lo que parece pretender su autor, Frank Pérez-Garland, es crear precisamente eso: un retrato imperfecto de la realidad; de la realidad de las parejas. Nos engaña, sin embargo. Nos ilusiona con una entrada que, aunque un poco cliché (“chico conoce chica”), acaba siendo encantadora por el carisma de sus personajes, su espontaneidad e irreverencia. Ella y Él, interpretados por Vanessa Saba y Giovanni Ciccia, son adultos bordeando los 40, pero conservan un espíritu rebelde, un sarcasmo marcadamente juvenil, y un sentido irónico de la vida. Ambos están unidos por la desazón y la confusión, y eso es lo que genera el primer “crash”, el primer “impacto”.


Es una atracción indiscutible, que se desborda, que se siente escapar de la pantalla. Los personajes se desean, parecen comenzar a quererse… parece… o es que quizás la cosa es muchísimo más compleja –aquí, y en la vida real-, de lo que queremos ver usualmente.

La emoción es una montaña rusa, y todo pico conlleva un declive… Mientras más alto el pico, más estruendosa es la caída. Ella y Él no se comprenden. Cada uno parece encerrado en su propio universo, en su propio ego, en su propio pasado. Ninguno es capaz de ser lo suficientemente sincero o transparente. Ella piensa en hacerle feliz a SU manera, de las formas en que ella cree –según su perspectiva- se puede hacer feliz a una persona; según lo que a ella misma le haría feliz. Él, por su parte, es un tipo no menos egoísta y sí más agresivo. Incapaz de ver los esfuerzos de ella, Él nunca está contento, él nunca baja guardia. Parece siempre llevar un escudo… un escudo con malla eléctrica además, donde cada intento de acercarse es una explosión.


Por alguna razón, ellos siguen ahí. Y por alguna razón, los quiebres y giros empiezan a darse, como una metáfora del real sinsentido en que vivimos, al cual buscamos sobrevivir. Ella y Él se transforman. Ella y Él se acomodan, Ella y Él siguen un camino que no saben, ni sabemos con certeza, a qué llevará.

Y es que esa sensación fuerte es la que nos deja finalmente la película: incertidumbre, vacío, incomodidad… y sin embargo, nos sentimos remecidos por dentro. Queda un deseo de haber visto más, un ansia frustrada de querer llegar a alguna conclusión determinante; buena o mala, pero determinante; no como en la película; no como en la vida.


Pienso que ahí radica el encanto de Ella y Él. Ahí también está la justificación de su simpleza en el manejo técnico. Los ambientes son cotidianos: las calles de Miraflores, el malecón, el departamento del propio director inclusive se convierte en escenario. Todo muy sencillo, muy normal, muy cercano.

La música es escasa, pero precisa; los temas bien elegidos de acuerdo a la emotividad de cada escena. Imposible no sonreír un poco con la parte en que Vanessa Saba empieza a despotricar contra el mundo a través de El Asesino de la Ilusión de Ni Voz Ni Voto (cover de Leuzemia). Precisa también la canción No me imagino, originalmente de la banda española Los Secretos, pero aquí interpretada por Vanessa Saba en una versión más lenta y descarnada.


Las actuaciones fluyen con naturalidad. Los personajes están llenos de matices y las interpretaciones saben plasmar esa ambigüedad, complejidad. El personaje de Giovanni Ciccia comienza siendo muy simpático, luego pasa por momentos insoportables que desencajan al espectador, y finalmente baja su intensidad, para alcanzar una armonía que en realidad siempre estuvo a su lado. Vanessa no cambia tanto, pero se muestra compleja de inicio a fin, revelando poco a poco los motivos que la han llevado a desligarse de su pasado y de sus raíces.

Tal vez, lo único que aporta cierta “anormalidad” al filme, son los cortes bruscos; los pantallazos negros entre secuencia y secuencia que siempre parece incompleta, que siempre deja ese golpe seco y vacío, que te quita el aire. Viéndolo de esa forma, Ella y Él es también un entretejido de pequeñas historias inconclusas sobre la relación entre dos personajes.


Una película para sentir. Véanla.


Ficha técnica:

Dirección: Frank Pérez-Garland
Producción: Gustavo Sánchez
Guión: Vanessa Saba, Frank Pérez-Garland
Dirección fotográfica: Roberto Maceda Kohatsu
Dirección artística: Hiromi Shimabukuro
Música: José Manuel Barrios
Montaje: Ángela Vera Temoche
Reparto: Vanessa Saba, Giovanni Ciccia, Gianella Neyra, Alejandra Saba, Lucho Cáceres, Rodrigo Palacios, Claudia Berninzon
País: Perú
Año: 2015
Género: Drama
Duración: 100 minutos




miércoles, 23 de septiembre de 2015

Vuelve Cinemafic: concurso de relatos sobre cine



¡Cinemafic vuelve! Y esta vez recargado de nuevas bases y mejores premios.  ¿Te imaginas a los personajes de tus películas favoritas interactuando entre sí? Tú eres capaz plasmarlo y mostrarnos esa alucinante historia, ya que, en esta segunda edición, el concurso de relatos sobre cine organizado por Cinematosis y Libros Delivery, presenta su versión “crossover”. En otras palabras, tendrás la oportunidad de escribir un relato mezclando los contextos y personajes de dos o tres filmes de la lista.

Son dos modalidades: A) Autor: Los concursantes podrán elegir de dos a tres películas de alguno de estos tres autores: Tim Burton, Pedro Almodóvar, Quentin Tarantino. Deberán crear una historia utilizando los personajes y/o contextos de las películas elegidas. Es absolutamente necesario que se combinen personajes de distintas películas, ya que se trata de un concurso de crossover (ello implica combinación).  B) Distopía: Los concursantes que elijan esta modalidad, deberán crear una historia combinando los personajes y/o contextos de dos o tres de las siguientes películas del género ciencia ficción distópica: Los Juegos del Hambre, Divergente, Terminator, 1984, Blade Runner, Matrix, Dark City, Metrópolis (con esta última título nos referimos a la película de 1927 –dirigida por Fritz Lang-, y no a su homónima de 2001, a la cual reservaremos para una próxima edición de la competencia). Los relatos serán recibidos hasta la última semana de enero de 2016.


El primer premio consistirá en un viaje a Iquitos con estadía pagada, además de un paquete de libros y merchandising cinéfilo y el correspondiente diploma de honor. También habrá paquetes de libros, merchandising y diplomas para el segundo y tercer lugar, y diplomas y obsequios menores para tres menciones honrosas. El jurado está conformado por los escritores José Abelardo Güich (Los Espectros Nacionales, El Misterio de la Loma Amarilla, entre otros) y Julia del Prado Morales (Tendido del Sol Maduro, Cabriolas, Detrás de la Aldaba, entre otros) y los directores y guionistas de cine Fernando Montenegro (Cada Viernes Sangre, Entonces Ruth) y Jesús Álvarez Betancourt (Quizás Mañana, Japy Ending). Los nombres de los ganadores serán revelados durante los primeros días de marzo, en un pequeño show de premiación.

Auspician: Biblioteca del ICPNA de Miraflores, Viajes Beauce, Hotel Emperador Terraza, Editorial Altazor, Editorial Animal de Invierno, Editora Vuk, Alhuen Store, Clean&Clean, Guardarropa 360, Zona Geek, Distribuidora Gary, Voz Actual, Revista Dedomedio, El Buen Librero, Piscosour.com, Cosplay Perú, Tridamia, XTN!, Alhuen Store.

Para descargar las bases, da click en el flyer a continuación:




Asimismo, te invitamos a estar al pendiente del blog, de nuestro fan page y twitter para llevar el seguimiento de la competencia.

jueves, 17 de septiembre de 2015

El bebé de Rosemary: la semilla diabólica de Polánski



Por: Sergio Cueto

¡Esto no es un sueño! ¡Esto está pasando de verdad!
- Rosemary

Ya lo había sentenciado su director: “yo no quiero que el espectador piense “esto” o “aquello”, quiero simplemente que no esté seguro de nada. Esto es lo más interesante: la incertidumbre”. Cuarenta y siete años después de su creación, El bebé de Rosemary conserva su capacidad de sugerencia, ambigüedad y poder de convicción intactos.

Polánski lo tenía claro: el horror es mejor cuando es añadido por la mente del espectador; que sus posibilidades más oscuras se vean reflejadas en hechos cotidianos, no en monstruos o disfraces de día de brujas. ¿Imaginan que el diablo camine entre nosotros con total normalidad y nos dé los buenos días como si fuera uno de nuestros más amigables vecinos? ¿Dormiríamos tranquilos, o haríamos una vigilia con rosario y biblia en mano ante cualquier indicio de sospecha?


El Bebé de Rosemary tiene como protagonistas a una pareja bastante tranquila: los Woodhouse. Rosemary (Mia Farrow) es una joven ama de casa que está casada Guy (John Cassavetes), actor de teatro. Ellos tienen la (pésima) suerte de instalarse en el edificio Bramford (en la vida real, el edificio Dakota, donde ha ocurrido todo tipo de desgracias, como la muerte de Lennon).

Alquilan el apartamento anexo (con puerta secreta incluida) al de los Castevet: Minnie (Ruth Gordon) y Roman (Sidney Blackmer), una pareja de edad avanzada que, desde un principio, resulta bastante peculiar y perturbadora. Entre los cuatro se inicia una amical relación de consecuencias imprevisibles.


Un embarazo, extraños sucesos y el complot de un selecto círculo ocultista, componen los elementos con los que el director nos mantiene en constante expectativa, donde el rostro del mal apenas se percibe por unos segundos. ¿Para qué un plano general? No hace falta, cada uno lo configura de acuerdo a su (perversa) imaginación, la misma en la que Polánski confía por sobre todas las cosas.

Roman Polánski se adentra en el mundo del satanismo en ésta, su primera incursión al cine americano, tras inolvidables thrillers como El cuchillo en el agua y Repulsión, adaptando la obra de Ira Levin con gran maestría. Producida por William Castle, ésta obra se destaca por el agudo retrato psicológico de los personajes, atrapados en un ambiente obsesivo y amenazador, un departamento que cobra vida propia y que nos sumerge en una marcada sensación de terror y suspenso. Sin grandes efectos especiales, El bebé de Rosemary apela a la creciente paranoia de su protagonista para transmitir emociones.


Estupendas actuaciones. Mia Farrow y Ruth Gordon tienen un mérito especial. Esta última logró el Oscar con su impresionante interpretación de Minnie, posiblemente el personaje más siniestro e intenso de todos los creados por Polánski a la fecha.

Dos leyendas bastante macabras rodearon a esta cinta: la primera, que Satanás fue interpretado por Anton Lavey, el conocido “Papa negro” o fundador de la iglesia satánica (hecho que para nada ha sido constatado).

La segunda, el infame rumor de que Charles Manson odió tanto la adaptación (por dar a conocer el mensaje demoníaco al mundo), que decidió asesinar a Polánski, quien se encontraba en Europa en ese momento, de modo que su víctima final fue su bella esposa Sharon Tate.


Se parta de la leyenda oscura o no, tal vez la principal valía de El Bebé de Rosemary es que originó a llamada “fiebre del satanismo” en el mundo del cine. A partir de aquí se abrieron paso en los de los años setenta filmes como El Exorcista o La Profecía, también destacados en su género, mas no del nivel de la obra de Polánski.



Ficha técnica:

Dirección: Roman Polański
Producción: William Castle
Idea original: Ira Levin (autor de la novela homónima)
Guión: Roman Polański
Música: Krzysztof Komeda
Fotografía: William A. Fraker
Montaje: Sam O'Steen, Bob Wyman
Reparto: Mia Farrow, John Cassavetes, Ruth Gordon, Sidney Blackmer
País: Estados Unidos
Año: 1968
Género: Drama, terror
Idioma: Inglés

martes, 8 de septiembre de 2015

Ridley Sott: De aliens y otros demonios pasajeros



Por: Sergio Cueto

Nunca me habían gustado las cintas de terror porque siempre se trataban de un tipo en un traje de goma. Bueno, sólo hay una manera de tratarlo. Lo más importante en un filme de este tipo no es lo que ves, sino lo que crees haber visto.
-          Ridley Scott

“En el espacio nadie puede oír tus gritos”. Éste fue el slogan promocional que cambió todo. Y nada volvió a ser igual después de este film. Su influencia es incuestionable y sus referencias ya son universales, completando, junto a un puñado de geniales artistas y actuaciones de primer nivel, una experiencia cinematográfica inolvidable y que aún con el paso del tiempo, sigue erizando la piel.

La inmensidad del espacio. Una nave gigantesca de lento desplazamiento. Una carga de 20 millones de toneladas de mineral que se dirige a la Tierra. Enormes y oscuros pasillos. Una llamada de emergencia. Una expedición fallida. Algo sale mal. Muy mal.



Estos elementos, forman la receta para crear una de las mejores películas de ciencia ficción y terror de la historia. Dan O´Bannon, uno de los guionistas, llevaba tiempo trabajando en una historia con estos ingredientes: de hecho, poco antes había participado en una película dirigida por John Carpenter (Dark Star) con un concepto similar, pero sin la intervención alienígena.

Es entonces cuando aparecen dos personajes cruciales: El artista e ilustrador H.R. Giger, que conquistó a O´Bannon con el diseño de unas horripilantes criaturas, y Ronald Shusett –guionista y productor, que le contó a O´Bannon una idea bastante bizarra-: ¿Qué te parece si un bicho se introduce en el cuerpo de un humano, para después salir por su pecho convertido en un monstruo aterrador? Así nació una de las escenas más famosas e impactantes del cine.


Además, nadie dudaba del probado talento visual del británico Ridley Scott para llevar a buen puerto el proyecto (luego del éxito de Los Duelistas, su primer largometraje), pero conseguir que el espectador sienta terror real, era todo un desafío. Lo logró. Y con creces.

Estrenada en 1979, esta cinta protagonizada por Sigourney Weaver, Tom Skerritt, John Hurt, Harry Dean Stanton, Yaphet Kotto, Veronica Cartwright e Ian Holm narra las vicisitudes de la nave U.S.C.S.S. Nostromo; inmensa, fría, laberíntica y a la vez claustrofóbica; que se dirige a la Tierra tras una misión de extracción minera con sus tripulantes en estado de hibernación.

Sin embargo, el ordenador principal decide despertarlos ante la recepción de una señal desconocida. Obligados por las normativas de la compañía, aterrizan en un planeta desértico, donde comienzan a descubrir sucesos sorprendentes. La expedición acaba con una extraña criatura adherida al rostro de uno de los miembros del equipo, mientras descifran que la señal recibida era de advertencia.



Uno de los grandes aciertos de Alien, es colocar personajes muy humanos: trabajadores al servicio de una gran corporación, preocupados por sus salarios y sus rutinas. Nunca vemos el cliché de héroes prefabricados o pétreos y fornidos astronautas.

Scott, los retrata uno a uno desde el inicio del film y se así crea un nexo mucho más cercano: con defectos y virtudes que podemos ver en nosotros mismos; ello en, gran medida, gracias a las excelentes actuaciones. Resalta sobremanera una debutante en Brodway, que no solo se convirtió en estrella instantánea, sino que creó un personaje icónico: La incansable teniente Ripley (Sigourney Weaver).


Teniente Ripley

Con el paso de los primeros minutos, ya formamos parte del misterioso Nostromo y su tripulación. Somos, en cierta manera, un pasajero más (sin ser el octavo del título), ya que conocemos y nos conectamos con la personalidad de Dallas, Brett, Parker Kane, Ash, Lambert y Ripley como si fuesen compañeros nuestros. Ridley Scott, para esto, escribió las biografías completas de los siete protagonistas (amigos, manías, parejas, trabajos anteriores y aficiones), a fin de que sus roles fuesen interiorizados al máximo.

Alien nos ofrece así una gran historia de ritmo impecable: conocemos a los protagonistas, somos testigos de la problemática en ciernes y observamos el pánico apoderándose de ellos. Saben que sus gritos no son escuchados, y que sus opciones de escapar con vida son prácticamente nulas.


Dicho de este modo, puede resultar un planteamiento simple y soso, pero nada más alejado de la realidad: el film, gracias al talento de Scott, nos presenta un universo lleno de matices y momentos bastante gore, donde pasamos rápidamente de la fascinación al terror y al desasosiego absoluto.

Una de las escenas más recordadas y terroríficas, fue, sin duda, la que planteó Ronald Shusett –mencionada líneas arriba-. Se dice que para la mítica escena, el director no quiso que los actores supieran cómo iban a rodarla; es por eso que sus reacciones son tan reales, en especial la de Lambert (Veronica Cartwright).


Luego nos enfrentamos a un monstruo al que no logramos ver por completo y que, a medida que avanza (y mata), se vuelve más terrible e invencible: “No podrán matarlo” –sentencia Ash, antes de que conozcamos su verdadera naturaleza.

En una época en la que no existían los efectos digitales –de los que hoy abusa Hollywood-, la imaginación de los técnicos para lograr los escenarios a base de maquetas, y los disfraces y trucos rudimentarios, resultan en un producto tan convincente, que, aún hoy, 36 años después, siguen dando que hablar (de hecho, aquel año se llevaron el Oscar a Mejores efectos visuales). Mención aparte para la espectacular banda sonora, obra del maestro Jerry Goldsmith (Gremlins, Total Recall) que logró una sorprendente, clásica e inquietante partitura.


Por todo ello, Alien: el octavo pasajero, ha sido, es y siempre será una obra maestra del séptimo arte; cima temprana de un visionario director que establece a este film como piedra angular de toda una forma de hacer cine, a la que, desafortunadamente, casi ninguno ha logrado alcanzar.



Ficha técnica

Dirección: Ridley Scott
Producción: Gordon Carroll, David Giler, Walter Hill
Guión:  Dan O'Bannon, Ronald Shusett
Música: Jerry Goldsmith
Fotografía: Derek Vanlint
Montaje: Terry Rawlings
Reparto: Tom Skerritt, Sigourney Weaver, John Hurt, Ian Holm, Veronica Cartwright, Yaphet Kotto, Harry Dean Stanton
Año: 1979
Género: Terror, ciencia ficción

Duración: 117 minutos