martes, 11 de junio de 2013

“No se lo digas a nadie…”





Por: Alexiel Vidam

Aunque muchos me miren con cara de sorprendidos, les digo que recién ayer vi No se lo Digas a Nadie, cinta de Francisco Lombardi basada en la atrevida novela de Jaime Bayly. La película reventó las salas de cine limeñas durante su estreno (allá por 1998) y ha sido pasada varias veces por televisión, pero será el tabú que le pusieron durante su estreno (época en la que yo, además, tenía sólo 12 años) o por mi poca simpatía hacia la TV, que había pasado de ella. Ayer me detuve un momento a pensar en el cine peruano y se me antojó buscarla.


Gay en los 70s



Ésta es la historia de un muchacho reprimido y su oscuro secreto. Joaquín Camino (Santiago Magill) tiene un padre agresivo y machista, y una madre sobreprotectora cuyo fervor religioso es llevado hasta el patetismo. Se ha criado en la esfera de la clase alta limeña de fines de los 60’ e inicios de los 70’: clasista, racista, extremadamente conservadora. Débil de carácter y atemorizado por la hostilidad que le rodea, Joaquín se siente obligado a ocultar su homosexualidad.


 Desde niño, ha tenido que soportar los golpes e insultos de su padre y las prohibiciones de su madre, el primero esmerado en que el chico se vuelva macho, y la segunda esmerada en hacerle cura. Durante la adolescencia huye de casa e inicia su verdadera revolución, convirtiéndose en un universitario rebelde, tirado al abandono y adicto a las drogas. La única capaz de salvarle, parece ser Alexandra (Lucía Jiménez), una joven de la facultad interesada en él y en salvarle del “trauma” que le impide excitarse con mujeres.


Para Joaquín, Alexandra se convierte en  la llave que le salvará de vivir en una condición que le convierte en marginado social. El “problema”, surge cuando conoce a Gonzalo (Christian Meier), novio de la mejor amiga de Alexandra, por quien se siente fuertemente atraído… y correspondido.



Del libro, de la película, y otros demonios

Portada de la novela
Leí la novela original allá por el 2004, a escondidas (les recuerdo que era un libro “tabú”), y no me gustó. Me sacó un poco de quicio tanta explicitud sin estilo. No estoy en contra de lo explícito, pues Bukowski es bastante explícito y es uno de mis escritores de cabecera, pero con No se lo Digas a Nadie, sentí estar leyendo los vómitos deformes y pestilentes de un ultra reprimido Bayly (lo cual no me sucedió con otras novelas suyas que leí posteriormente). Sin embargo, antes de esta adaptación cinematográfica ya había visto varias películas de Lombardi, y me gustaban, así que decidí darle
una oportunidad… y me gustó.

Curiosamente, a pesar de ser un producto audiovisual, la versión fílmica sabe suavizar –o recortar-  aquellas escenas de sexo explícito de la novela que no justifican absolutamente nada salvo el puro afán morboso. Su centro está en el drama interno del personaje, en explorar sus miedos y frustraciones; no en los encuentros sexuales del mismo.  

Joaquín (Santiago Magill) y Gonzalo (Christian Meier)

Me pareció destacable la actuación de Santiago Magill. Él es quien debe interpretar a ese perturbado protagonista, desde su faceta más frágil hasta su momento cumbre, cuando furioso y drogado, encara a su padre en la mesa del comedor. La actuación de Christian Meier también me agradó, pero no captó atrapó tanto mi atención como la de Giovanni Ciccia en el papel de Alfonso (segundo romance de Joaquín). Alfonso es un sujeto de contraste; en apariencia, el macho-bruto, el que disfruta golpeando travestis, pero en el fondo, también tiene su “lado homosexual”. Machista, racista como el padre de Joaquín… para él no está mal “vacilarse” con hombres… lo malo es ser cholo y maricón a la vez. Si eres blanquito, si tienes plata y de viejo “sientas cabeza”, no pasa nada. Cuando vean la película (si es que no la han visto ya), quizás sientan lo mismo que yo ante la pareja Joaquín-Alfonso: que ahí había una completa paradoja… o alguna suerte de Edipo no resuelto.

Joaquín (Santiago Magill) y Alfonso (Giovanni Ciccia)

Del lado contrario, debo decir que las actuaciones femeninas no me convencieron. Tanto  la madre de Joaquín como la novia (Alexandra) presentan un marcado dejo español que las actrices no supieron disimular. A pesar de esto –y es curioso-, el personaje de Alexandra logra conectar; quizás por el rol que cumple y la manera en que está construido, presentándose como la última esperanza de Joaquín.

Joaquín (Santiago Magill) y Alexandra (Lucía Jiménez)

En general, No se lo Digas a Nadie es una película que se deja ver: mantiene la atención, consigue un vínculo entre espectador y personaje, y muestra varios de los demonios que envolvían a la rígida sociedad limeña de aquellos años. Cabe anotar también que la banda sonora sabe satisfacer el paladar nostálgico de los niños noventeros -me incluyo-, con voces que en esos tiempos sonaban siempre por la radio: Fito Paez... Mar de Copas... etc. 



Ficha técnica:

Dirección: Francisco José Lombardi
Producción: Andrés Vicente Gómez
Guión: Jaime Bayly, Giovanna Pollarolo
Reparto: Santiago Magill, Christian Meier, Lucía Jiménez, Giovanni Ciccia
País: Perú
Año: 1998
Género: Drama

Trailer:



Véanla ustedes mismos:

(No Se lo Digas a Nadie - Película Completa)

3 comentarios:

  1. Creo que es una de las más flojas de Lombardi.

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  2. A mí no me pareció la mejor de él (prefiero "Bajo la Piel" o "Caídos del Cielo"), pero me gustó, y me sorprendió porque es uno de aquellos casos en los que la película supera al libro.

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  3. es malísima y los actores, especialmente los españoles están fatal. los acentos más patéticos que he oído en mi vida.
    un autentico bodrio.

    carmen elias está risible y lucia jimenez pa matarla, como siempre

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